Alergia a medicamentos

                                             

Los medicamentos pueden producir diversas reacciones adversas que se dividen en:

  1. Predecibles, pueden presentarse en cualquier paciente, son las siguientes:
    • Sobredosis: Reacciones producidas por dosis excesivas o por déficit en la eliminación del medicamento (p.e. somnolencia por una dosis excesiva de un tranquilizante).
    • Efecto indeseable o secundario: Se producen en un cierto número de pacientes que toman el fármaco a la dosis recomendada (p.e. diarrea con la toma de antibióticos).
    • Interacción farmacológica: Al tomar varios fármacos puede haber un cambio en la eficacia o toxicidad de los mismos (p.e. aumento de riesgo de sangrado en pacientes que toman Sintrom y aspirina).
  2. Impredecibles, solo se producen en individuos sensibles:
    • Intolerancia: Personas muy sensibles que presentan los efectos indeseables de un medicamentos con baja dosis (p.e. personas que tienen somnolencia con antihistamínicos que habitualmente no producen sueño).
    • Idiosincrasia: Reacción anormal a un medicamento determinada genéticamente (p.e. fármacos que producen anemia en pacientes con déficit de una determinada enzima).
    • Alergia: Reacción que se produce en ciertos pacientes desencadenada mediante una reacción de hipersensibilidad, generalmente por producción de inmunoglobulinas contra ese medicamento (p.e. alergia a la penicilina).
    • Pseudoalergia: Reacción similar a la de tipo alérgico pero que no está mediada por una reacción de hipersensibilidad (p.e. urticaria producida por aspirina).

REACCIONES ALERGICAS A MEDICAMENTOS

La clasificación siguiente le es útil al médico para sospechar el origen de la reacción alérgica y planificar las pruebas diagnósticas más idóneas a realizar en cada paciente:

  • Reacción tipo I: Se debe a la producción de inmunoglobulina E (IgE) contra un fármaco. Produce reacciones que aparecen en minutos tras la toma del fármaco y pueden manifestarse como urticaria/angioedema (ronchas pruriginosas o hinchazón de alguna parte del cuerpo), anafilaxia (reacción grave que afecta a varios órganos), broncospasmo (crisis de asma) o hipotensión.
  • Reacción tipo II: Se debe a la producción de inmunoglobulinas IgG o IgM contra el fármaco y producen daños en algunos órganos o células del organismo. Se manifiesta como: anemia, leucopenia, vasculitis, nefritis, etc.
  • Reacción tipo III: Se forma un complejo inmunitario entre IgG o IgM y el complemento que puede manifestarse como: enfermedad del suero (fiebre, inflamación ganglionar, erupciones cutáneas, afectación renal, vascular, etc.), vasculitis, fiebre medicamentosa, erupciones cutáneas, etc.
  • Reacción tipo IV: Están producidas por linfocitos T que se sensibilizan frente a ese fármaco y producen reacciones tardías (aparecen tras varias horas de tomar el fármaco), suelen manifestarse como dermatitis de contacto (eczema). A continuación se comenta la alergia a antibióticos beta-lactámicos y a antiinflamatorios ya que son los que con más frecuencia producen reacciones alérgicas, origen de consulta al alergólogo.

ALERGIA A PENICILINA Y OTROS ANTIBIÓTICOS BETA-LACTÁMICOS

Son los fármacos que con mayor frecuencia producen reacciones alérgicas, en parte debido a que son muy usados. Los beta-lactámicos incluyen dos familias de antibióticos: las penicilinas y las cefalosporinas. En caso de alergia a penicilina debe evitarse la administración de penicilina y sus derivados semisintéticos como: amoxicilina, ampicilina, cloxacilina, etc. Se recomienda evitar también el uso de las cefalosporinas (cefalotina, cefaloridina, cefuroxima, cefotaxima, cefixima, etc.) por el riesgo de reactividad cruzada que existe entre ambos grupos de antibióticos. Actualmente se sabe que solo un 10% aproximadamente de alérgicos a penicilina también lo son a cefalosporinas y este porcentaje es mucho menor con las últimas cefalosporinas que existen en el mercado (de 3ª generación). Por ello, aquellos pacientes alérgicos a penicilina o a cefalosporinas que precisen un antibiótico del otro grupo deben consultar con un alergólogo, el cuál indicará qué antibiótico puede usarse en ese momento. Los pacientes alérgicos a antibióticos beta-lactámicos (penicilinas y cefalosporinas) pueden usar cualquier antibiótico que no pertenezca a estas familias, en el mercado existen actualmente muchos tipos de antibióticos diferentes con los cuales no existe reactividad cruzada.

ALERGIA A ÁCIDO ACETILSALICÍLICO (ASPIRINA) Y A OTROS ANTIINFLAMATORIOS NO ESTEROIDEOS

La alergia a la Aspirina y otros antiinflamatorios como ibuprofeno, diclofenaco, pirazolonas (Nolotil), etc. es muy frecuente. Es un tipo de alergia que siempre debe ser estudiado por un alergólogo ya que pueden darse dos situaciones diferentes:

  • Pacientes intolerantes a antiinflamatorios: No toleran ningún tipo de antiinflamatorio que actúe mediante el mecanismo de inhibición de la ciclooxigenasa. Estos pacientes son alérgicos a la mayoría de los antiinflamatorios y debe conocerse (mediante el correspondiente estudio) cuales pueden tomar sin problemas.
  • Pacientes alérgicos a un solo grupo de antiinflamatorios: Pueden tolerar el resto que no pertenezcan a ese grupo. Suele darse en alérgicos a pirazolonas (Nolotil), ibuprofeno, diclofenaco, etc. Tras el correspondiente estudio pueden usar el resto de antiinflamatorios no relacionados.

DIAGNÓSTICO

Se basa en lo siguiente:

  • Historia clínica: Es muy importante y a veces con ella es suficiente para diagnosticar al paciente. Es imprescindible conocer los fármacos que estaba tomando en el momento de la reacción, qué tipo de síntomas presentó el paciente, cuanto tiempo transcurrió entre la toma del fármaco y la aparición de los síntomas y, algo de gran ayuda, qué fármacos ha tomado posteriormente sin presentar problemas.
  • Pruebas cutáneas: Las hay de dos tipos:
    • Mediante prick o intradermorreacción:Consiste en inyectar en la piel una cantidad mínima del fármaco que queremos probar. Pueden ser peligrosas en casos de reacciones graves con el fármaco. Deben hacerse con mucha precaución, solo por personal experto y únicamente con aquellos fármacos con los que sabemos que vamos a obtener alguna información útil. En el pasado, algunos médicos y ATS realizaban una prueba previa a la administración del fármaco que consistía en inyectar una pequeña cantidad en la piel para ver si había alguna reacción local. Esa prueba además de peligrosa era inespecífica, ya que muchos fármacos producen una irritación cutánea al inyectarlos en la piel, sin necesidad de ser el paciente alérgico. Así hay pacientes diagnosticados de alérgicos a un fármaco por esas “pruebas cutáneas” sin serlo. En estos casos se debe consultar con un alergólogo para aclarar esa situación.
    • Pruebas epicutáneas (parches): Se hacen pegando en la piel una pequeña cantidad del fármaco. Se usan en los casos de sospecha de reacciones tardías (eczema y algunos exantemas) y con determinados fármacos únicamente.
  • Determinación de IgE específica: Mediante un análisis de sangre se puede medir si existe IgE contra un determinado fármaco. Esta prueba, que no implica riesgo alguno, solo está disponible para unos pocos fármacos como penicilina, amoxicilina, cefaclor, insulina, protamina, algunos anestésicos locales y pirazolonas.
  • Prueba de provocación o de tolerancia: Consiste en administrar el fármaco que queremos estudiar de forma controlada, con dosis que vamos aumentando progresivamente, con el paciente en observación, para ver si lo tolera o tiene algún tipo de reacción. Es una prueba peligrosa que debe hacerse por expertos siempre y con las debidas precauciones. Solo debe hacerse cuando existe duda acerca del diagnóstico o cuando queremos confirmar la seguridad de un fármaco alternativo, como en los casos de reacción con un antiinflamatorio, que necesitamos saber cuales puede tolerar sin problemas.