Rinitis y rinoconjuntivitis

La rinitis es la inflamación de la mucosa nasal. Puede deberse a muchas causas y todas las personas han padecido en algún momento de su vida algún episodio de rinitis (catarro común o catarro nasal). En muchos casos, especialmente de rinitis crónicas o de larga duración, la causa de la rinitis es alérgica y es a esta a la que nos vamos a referir principalmente.

CUADRO CLÍNICO

La rinitis se manifiesta con alguno de los siguientes síntomas:

  • Obstrucción nasal: Debido a la inflamación la mucosa se engruesa y dificulta el paso del aire produciendo una sensación de congestión nasal muy molesta que además obliga a respirar por la boca. Puede acompañarse de falta de olfato (anosmia) y falta de gusto (ageusia).
  • Secreción nasal (moqueo): En los casos de rinitis alérgica la mucosidad suele ser líquida y obliga a usar infinidad de pañuelos que acaban irritando la nariz. En la rinitis infecciosa (especialmente si hay sinusitis) la mucosidad se vuelve espesa de color verdoso o amarillento.
  • Estornudos: En los casos de rinitis alérgica suele aparecer como salvas de muchos estornudos seguidos que pueden ser muy molestos, e incluso a veces peligrosos si estamos conduciendo. Se considera como algo normal estornudar varias veces, especialmente al levantarse por la mañana.
  • Prurito nasal (picor): Es muy típico de la rinitis alérgica y obliga a restregarse repetidamente la nariz (saludo alérgico). Con frecuencia este picor se extiende a la garganta, ojos, oídos y paladar.
  • Conjuntivitis: Con mucha frecuencia la rinitis alérgica se asocia a afectación de los ojos con lagrimeo, enrojecimiento, hinchazón y sensación de picor y escozor. En estos casos se habla de RINOCONJUNTIVITIS.

TIPOS DE RINITIS

La rinitis se puede clasificar según su origen en:

  •  Rinitis (o Rinoconjuntivitis) alérgica: Que divide a su vez en:
    • Rinitis alérgica estacional: Se produce por alergia a pólenes. Se manifiesta únicamente en aquella época del año en que hay en el ambiente pólenes a los que el paciente tiene alergia (Más detalle en el apartado “Alergia a pólenes”).
    • Rinitis alérgica perenne: Se produce por alergenos que están en el ambiente durante todo el año, como los ácaros del polvo doméstico, epitelios animales, hongos ambientales y alergenos ocupacionales (harina de trigo en panaderos, etc.). (Más detalle en el apartado alergia a ácaros, animales, hongos).
  • Rinitis no alérgica:
    • Rinitis intrínseca o perenne no alérgica: Hay pacientes que tienen rinitis con síntomas similares a los de la rinitis alérgica (congestión nasal, estornudos, mucosidad líquida y picor nasal) en los cuales no encontramos ningún alergeno responsable. Suele predominar la congestión, que se agrava por factores irritantes como: polvo, humos, sprays, aire acondicionado, etc. El tratamiento es similar al de la rinitis alérgica (antihistamínicos, corticoides nasales, etc.) pero no está indicada la inmunoterapia ni las medidas de evitación, aunque sí conviene evitar los factores desencadenantes antes mencionados.
    • Rinitis vasomotora: Se denomina así a la rinitis que aparece en relación con cambios bruscos de temperatura, exposición a corrientes de aire frío, ingesta de bebidas frías o calientes, al levantarse por la mañana, etc.
    • Rinitis medicamentosa: Es causa frecuente de rinitis. Se produce por el abuso de ciertos sprays nasales (vasoconstrictores) que producen un efecto rebote (efecto contrario al que se busca). Las personas que usan estos medicamentos de forma continua (más de 7-10 días seguidos) sienten alivio cuando los usan pero notan que no pueden suspenderlos y que su congestión nasal se va agravando. Es importante estudiarlos por si hubiera alguna causa de su rinitis y a continuación deshabituarlos a estos medicamentos. Los sprays con corticoides nasales no tienen este problema y es aconsejable usarlos durante largas temporadas.
    • Rinitis infecciosas: Puede producir cuadros de rinitis agudas de pocos días de duración (catarro común o vírico) o rinitis persistentes o crónicas de larga duración (sinusitis crónica).
    • Pólipos nasales: En ocasiones en la mucosa nasal crecen unas formaciones pedunculares que obstruyen las fosas nasales y son muy molestos, suelen asociarse a falta de olfato (anosmia) y de gusto (ageusia). En ocasiones se asocian a una rinitis alérgica pero con más frecuencia se asocian a asma bronquial intrínseco (no alérgico) y a intolerancia a antiinflamatorios no esteroideos como aspirina. No son lesiones malignas ni premalignas. Se tratan con corticoides orales o nasales de forma continuada y cuando son muy grandes o no responden al tratamiento deben extirparse. Con frecuencia recidivan tras la extirpación, para evitar esto deben usarse los corticoides nasales tras la intervención y de forma continuada.

TRATAMIENTO

El tratamiento de la rinitis alérgica se basa en 3 pilares principales: Medidas de evitación, inmunoterapia y tratamiento sintomático. Los dos primeros se han visto con detalle en los apartados correspondientes a “Alergia a pólenes”, “Alergia a ácaros”, etc.

El tratamiento sintomático es útil en la mayoría de las ocasiones para tratar las rinitis alérgicas y las no alérgicas. Se pueden usar los siguientes medicamentos:

  • Lavados nasales: Se hacen con suero fisiológico o soluciones marinas, son útiles para limpiar las secreciones y para humedecer la mucosa nasal cuando está seca.
  • Descongestionantes (vasoconstrictores): Alivian inmediatamente la congestión y la secreción, pero el efecto es transitorio y si se utilizan de forma tópica (en spray) durante muchos días, producen un efecto rebote que empeora la rinitis y puede dar lugar a una rinitis medicamentosa. Por ello se desaconseja su uso en rinitis de larga duración como las alérgicas. Pueden ser útiles tomados por boca (están comercializados asociados a antihistamínicos) durante unos pocos días y bajo control del médico ya que están contraindicados en ciertos pacientes, especialmente ancianos, pacientes con problemas prostáticos, hipertensión arterial, glaucoma e hipertiroidismo.
  • Corticoides nasales: Son muy útiles para aliviar los síntomas de la rinitis, especialmente la congestión nasal donde no actúan otros fármacos. Al contrario que los descongestionantes deben usarse durante largos periodos de tiempo (al menos 2-3 semanas consecutivas) para lograr el efecto deseado. No tienen problemas de efecto rebote y los efectos secundarios usados en la forma nasal son prácticamente inexistentes.
  • Corticoides oculares: Se emplean únicamente en caso de conjuntivitis severas y rebeldes a otros tratamientos. Deben usarse pocos días y bajo control médico ya que su abuso puede producir importantes efectos adversos como glaucoma o cataratas.
  • Antihistamínicos: Son unos medicamentos muy importantes en el tratamiento de la rinoconjuntivitis. Bloquean la mayoría de síntomas oculonasales como el estornudo, la secreción y el picor. Pueden administrarse por vía oral (en comprimidos), por esta vía tienen la ventaja de aliviar los síntomas de ojos y nariz pero también alivian el picor, tan molesto a menudo, de oídos, garganta o paladar. Pueden tomarse a diario durante la temporada de síntomas o bien de forma intermitente cuando el paciente lo precise (su médico le aconsejará la forma más indicada para usted). Son medicamentos muy seguros y los comercializados los últimos años (loratadina, ebastina, cetirizina, rupatadina, etc.) producen poca o nula somnolencia que es el efecto secundario más importante que existía con los antiguos antihistamínicos (clorfeniramina, hidroxicina, etc.). A pesar de su inocuidad, si conduce o maneja maquinaria peligrosa debe advertirlo a su médico para que elija los que menos somnolencia producen o le recomiende tomarlo por la noche. Hay personas más sensibles que presentan somnolencia casi con cualquier antihistamínico. Existen antihistamínicos para uso tópico (aplicación nasal y ocular) que tienen la ventaja sobre los orales de no producir somnolencia, sin embargo solo actúan sobre el órgano en el que se aplica. Pueden ser útiles asociados a antihistamínicos orales para potenciar su efecto o bien cuando se afecta un solo órgano.
  • Corticoides sistémicos: Son muy útiles cuando la sintomatología es intensa o cuando la respuesta a otros tratamientos menos inocuos es insuficiente. Deben usarse durante poco tiempo y a la dosis indicada por su médico ya que su abuso puede producir importantes efectos secundarios.